domingo, 29 de noviembre de 2015


Te vi un punto y, flotando ante mis ojos, 
la imagen de tus ojos se quedó, 
como la mancha oscura orlada en fuego 
que flota y ciega si se mira al sol. 

Adondequiera que la vista clavo, 
torno a ver las pupilas llamear; 
mas no te encuentro a ti, que es tu mirada, 
unos ojos, los tuyos, nada más. 

De mi alcoba en el ángulo los miro 
desasidos fantásticos lucir; 
cuando duermo los siento que se ciernen, 
de par en par abiertos sobre mí. 

Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche 
llevan al caminante a perecer; 
yo me siento arrastrado por tus ojos, 
pero adónde me arrastran, no lo sé.